Crónica de una peregrinación a Taizé,

Lugares dominicanos y Lourdes

del 7 al 13 de julio de 2004

 

 

 

 

 

Miercóles, 7 de julio

 

Nueve de la mañana en Móstoles. Después de recoger con el coche de Ángel a Gloria con sus maletas, y a Chus con su maletita y su bolsita de plástico de “por si hay que decir misa”, nos pusimos los cuatro (la cuarta soy yo, Raquel) en camino hacia Zaragoza. Y según lo convenido nos encontramos en un bar al lado de la autopista con Esther y Norma que venían desde Madrid en el coche de Esther. Y desayunamos juntos en la barra. Allí fue donde conocí a Norma, que era la única persona del grupo que todavía no conocía. Para Norma, argentina ella, la gordura no existe, todos somos flacos y flacas. Norma le dio un regalito a Gloria por su cumpleaños, que había sido hacía un mes -”Toma Flaca, en cuanto lo vi pensé que era perfecto para ti”. El regalo era un collar muy hermoso, con una exuberante concha colgando en el centro, que bien pronto le mereció el nombre de “La niña de la Concha” a su orgullosa portadora.

 

Después de reorganizarnos en los coches, seis entre dos a tres, pues proseguimos viaje hasta Zaragoza, donde hicimos una paradita para beber algo, visitar a la Virgen del Pilar. Nos contaba Chus, que el origen de la adoración a la Virgen del Pilar se remonta a los tiempos del Apostol Santiago. Parece ser que el pobre Santiago, que había iniciado su predicación por la península ibérica se encontraba algo desmoralizado con el pueblo de los íberos con que se había encontrado poblada la península, ya que se mostraban muy reacios a la Palabra, y parecían difíciles de convertir, y vamos,... algo brutitos. Pues bien, se encontraba el pobre Santiago decaído cuando se le apareció la Virgen allá por la población que fuera en aquellos tiempos Zaragoza y le reveló que aquel pueblo de íberos, a pesar de ser aparentemente tan brutos, sería un pueblo muy fértil para la iglesia, con un futuro prometedor. Desde ese momento, Santiago prosiguió mucho más animado con su predicación y no nos abandonó a nuestra suerte como a él ya le entraban ganas.

 

En la ciudad de Zaragoza es donde Chus estrenó su super maquina digital de hacer fotos que le habían regalado por su cumpleaños hacía dos días, un maquinorro de tropecientosmil Megapixel. Y Chus con su cámara como un niño, zum pa arriba y zum pa abajo, lo fotografiaba todo. Bueno, alguna foto también se hizo a sí mismo, y es que todavía no tenía bien controlado por qué lado estaba el objetivo. Pero no importaba, “Ángel, ¿cómo se borra está foto?”. Y seguía: “Poneos ahí un momentito, sí ahí que se vea detrás la torre”; “Ángel sácanos una aquí, al lado del río”.

 

Proseguimos viaje, rumbo a Gerona. Eso sí, parando para comer en un restaurante por la autopista, y no nos privamos de vino, ni de postre ni de café, ni de ná de ná.  

Por supuesto, respeto sagrado a lo más importante: la siesta. Pues sí, es cierto que estábamos en un aparcamiento al lado de la autopista, pero, ¿y qué?. Buscamos la sombrita de un árbol y nos echamos en el suelo en algo que a nosotros se nos antojaba que era un césped, aunque en realidad ni era verde, ni mullido, ni ná, y además estaba en una especie de islote en el medio del aparcamiento. Esther le hizo una especie de cama a nuestro sacerdote dominico con un chubasquero y un chaleco de esos fosforitos para urgencias en carretera. Y al minuto ya le oíamos roncar como un bendito. El hecho de que a tan sólo un par de metros estuviera la salida de los camiones y autocares del aparcamiento no pareció disturbar su sueño. Las no siesteras, Norma y Gloria, se fueron a pasear la Concha por los alrededores. A la hora o así empezamos a desperezarnos. Esther (con tonillo de pitorreo): “Chus, ¿has dormido?”, Y Chus: “Creo que sí”. (Risas por parte de los tres).

 

Después de degustar las exquisitas rosquillas que se había traído Esther, hechas nada más y nada menos que por la señora Maribel, que es su mamá, pues nos metimos en los coches y proseguimos viaje rumbo a Gerona. El viaje estuvo animado en los dos coches con testimonios, alabanzas, la  música de Betania,... Recuerdo que desde nuestro coche, veíamos a Norma en el otro coche que iba delante,  todo el rato alabando con los brazos en alto en el asiento de atrás. Luego supimos que la fuerza de tan expresiva alabanza estaba animada en el otro coche por la música de Aline Barros, cuyo CD fue luego pasando por turnos de un coche a otro durante toda la semana.

 

Gerona resultó ser una ciudad sorprendentemente bonita. Después de sentarnos en una terracita a comer alguna cosita de éstas que comen los catalanes, tumaque, papas con miel (??!!!!)... pues nuestra guía, Esther, que es una super guía, y lista, y mu güena, y mu guapa y tiene unos dientes perfectos, y canta que no veas, nos llevó a dar una vuelta por el centro de la ciudad, Y vimos la Catedral y una escalinata que subía alto, alto, y unas callejuelas chulísimas... Toda una ciudad revelación! (Chus, ¿por qué no sacaste alguna foto?). Como estábamos bastante cansados en seguida nos fuimos al hotel.

 

 

Jueves, 8 de julio

 

Cuando bajamos a desayunar nos encontramos a Chus, sentado en el Hall (Jol para los de Alcorcón) del hotel hablando sólo. Bueno, ya de cerca vimos que en realidad estaba hablándole al micrófono de la grabadora esta pequeñita que lleva a menudo colgada al cuello. Nos hace un expresivo gesto con la otra mano, “Buenos días chicos, ¿habéis dormido bien? Yo sí, pero no me molestéis ahora, id yendo a desayunar vosotros que yo estoy aquí grabando y me uno en seguida en cuanto acabe”- dijo con aquel gesto.

 

     

(Audio en mp3: Gerona 8 julio) 

 

Tras el desayuno en el Hotel, nos reorganizamos en los coches y nos pusimos de nuevo en camino, atravesando bien pronto la frontera para ya entrar en “La France”.

En los coches el viaje se animaba de nuevo con las alabanzas, y los testimonios de unos y otros. Nos cambiábamos de coche continuamente. Yo, en un momento que iba con Esther en su coche, aproveché para sonsacarle la parte 2 del testimonio de su vida. La parte que comienza en el momento en que, tachín-tacháaan, decidió salir

 

del convento... También recuerdo que desde el coche de Esther, yendo yo conduciendo, veía a Norma por el espejo retrovisor. Iba en el asiento del copiloto del coche de atrás alzando los brazos y ... a veces creía ver también a Ángel con los brazos en alto, lo cual me aterraba un poco porque él iba en el asiento del conductor. “Dios mío, ¿quién estará guiando ese coche?”- pensaba.

 

La gran novedad de aquel día es que, aparte de testimonios y alabanzas, empezamos a oír en los coches mientras viajábamos, la serie de CDs en donde estaban grabadas las 13 charlas con las que nuestro Chus deleitó a las monjas dominicas de Cangas de Narcea en un retiro reciente. El tema de los ejercicios fue la Carta de San Pablo a los Romanos. Y como más tarde veréis, el contenido de estas enseñanzas fue sin lugar a dudas lo que el Espíritu quiso regalarnos en esta semana. En el coche de Esther ya empezamos oyendo la charla 7: “...de la Carta a los romanos, capítulo bla, bla, “La ley, en verdad, intervino para que abundara el delito, pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia...”

 

Llegamos a Cluny hacia las 7 de la tarde. Cluny es un pueblo en la región de Borgoña y del que luego contaremos algo más que se encuentra a un par de kilómetros de Taizé, que era la Etapa Reina de nuestro Tour de France. Pues bien, llegamos a Cluny, y aparcamos para preguntar en un bar dónde se encontraba la casa rural donde nos íbamos a hospedar, con la suerte de que se encontraba a tan sólo 20 metros (como guiados, je, je,...). La casa rural, preciosa, y la muchacha que nos atendió, encantadora -“Ah, vous êtes Mademoiselle Logenté, bienvenus!”. (Mademoiselle Logenté significa Esther en francés). Tras la toma de posesión de las habitaciones, nos apresuramos a comer y beber algo en al bar de enfrente, una cena tan simplona como exquisita, y como se acercaba la hora, nos subimos a los coches para asistir a nuestra primera oración en Taizé: la oración de la noche.

 

El camino desde Cluny hasta Taizé era ya precioso. La carretera serpenteaba las colinas, todas verdes y salpicadas de alguna casita aquí y allá, y de vaquitas de estas blanquitas charolesas, tan monas ellas. Además el sol empezaba a descender y los colores estaban preciosos, como en un sueño. Hasta que llegamos a un cruce, donde el cartel de “Taizé” nos desvía hacía la izquierda. Y ya va apareciendo el pueblecito en lo alto de una colina. Y según vamos entrando al pueblo con el coche, un pueblo de aspecto medieval, muy bonito, uno ya tiene la sensación de entrar como en otra Galaxia. No sé, supongo que por el contraste entre lo medieval del pueblo y aquel montón de gente joven que circulaba por todas partes, con sus piercing, sus reluctantes ombligos, los pantalones caídos de las chicas enseñando el tanga de colorines, las chancletas de dedo, camisetitas de tirantes (brrrrr, a pesar del frío que hacía!)... Y es que uno no identifica a este tipo de gente con un lugar religioso/contemplativo... Y lo más sorprendente es que no parecían haber venido obligaos; no, no, parecían alegres y contentos, muy sonrientes, y también alborotaíllos, en fin, lo normal a esa edad.

 

Nos dirigimos hacía el lugar de la oración, que no sé si se llama iglesia o qué. Era un edificio bajo donde se puede entrar por distintas puertas, en cada una dos jovencillos sujetando el enorme cartel “SILENCE”. Y cuando entras puedes coger un librito con las letras de las canciones, y si quieres, un pañito para taparte, aunque allí nadie se tapaba nada (bueno yo sí porque tenía un poco de frío).  Aquel lugar es más bien oscuro, no tiene ventanas pero esta iluminado con luces suaves, y al fondo hay una especie de construcción con velas y candelabros y una telas, que sería algo así

como un Altar, pero no es un Altar, pero es agradable y transmite paz. Y tienen puesta una música suave de fondo... Sí, al entrar allí, sientes ya un “no sé qué” que te emociona.

 

En Taizé no hay sillas, buscas un sitio libre en el suelo y te sientas o arrodillas como puedes; los sitios más preciados por su comodidad son las escaleras.... Después de unos minutos de espera, empezaron a aparecer los hermanos de la Comunidad, uno blanquito, otro negrito, uno más joven, otro algo más mayor... pero todos parecían altíiisimos. O quizás era el efecto de aquella larga túnica blanca con capucha y mangas enormes, o qué sé yo, pero tenían una gran presencia. Iban apareciendo uno a uno y avanzaban por el corredor del medio de la sala, hasta alcanzar cada uno su sitio y sentarse en una especie de minitaburete con las piernas cruzadas hacia atrás, casi como los indios, colocados todos en dirección a ese Altar que no es Altar. Y al final apareció el padre Roger, viejecito él, y algo encorvado, avanzando lentamente agarrado al brazo de otro hermano. Y recorrió despacito todo el corredor hasta alcanzar su posición, él en una silla atrás del todo.

 

Las oraciones en Taizé, oración de la mañana, mediodía y tarde, te cubren, te envuelven. Consisten en canciones cuyo texto es absolutamente simple, dos o tres frases cortas, que puede estar en cualquier idioma, desde inglés, francés, italiano, castellano, hasta rumano, latín, ruso... Y las dos o tres frases se repiten y se repiten, de forma que en algún momento la cabeza deja de pensar y es el alma el que acaba cantando...

 

 “Na -da   te   tur -be,   na -da   te   es -pan -te,   quien   a   Dios   tie -ne,   na -da   le   fal -ta, .... Na -da   te   tur -be,   na -da   te   es - pan -te,   so -lo   Dios    bas -ta ....”

 

Y las canciones vienen interrumpidas por silencios, de duración indefinida...,y de nuevo las canciones.

 

 

 

Viernes, 9 de julio. Un día en Taizé.

 

En Cluny, en aquella casa rural, por las noches la profundidad del sueño es tal, que  uno parece que en lugar de dormir, dejara de existir. Cómo si te pegaran un tiro en la sien y cayeras desplomado. Y el sueño alimenta tanto y es tan restaurador que, al día siguiente, en lugar de despertar, resucitas. Los seis del grupo parece que corroboramos esta sensación al día siguiente.

 

Aquel viernes teníamos intención de pasarlo enterito en la Comunidad de Taizé y de asistir a todas las “actividades” (lo pongo entre comillas porque la “actividad” en Taizé por excelencia es la Contemplación). Pues nos levantamos pronto para asistir a la oración de la mañana, los Laudes, que era a las 8:30. De nuevo las mismas canciones alternadas con silencios que son un bálsamo para el alma. Esta mañana habría unos cuatro mil jóvenes en la iglesia.

 

Al terminar la oración nos encontramos con Chuca y Maria Ezú, que son dos chicas de Sevilla más majas que las pesetas. Yo las había conocido el domingo anterior después de la misa de la tarde en Móstoles donde, al poco, descubrimos que ellas tenían la intención de dejarse llevar espontáneamente por el Espíritu hacía Taizé

aproximadamente los mismos días que nosotros. Y luego habíamos estado cenando en el Independencia... Bueno, el caso es que el encontrarlas allí no era ninguna sorpresa. Nos saludamos calurosamente, bla, bla, bla... Y, de repente alguien dice: “Anda, ¿dónde está Chus? Si estaba aquí hace un momento!. Voy a ver si está en la puerta”. Vuelve, y nada, que no estaba. Nos desperdigamos, miramos por los alrededores... pero nada que Chus no aparece. Y Esther: “No lo entiendo, si habíamos quedado aquí para ir juntos a desayunar. ¿Dónde puede estar?”. Nosotros tranquilizándola -”Bueno, no pasa nada, vamos yendo nosotros a desayunar y ya aparecerá, quizás esté ya allí”. Así que nos vamos hacia allá y cuando llegamos a la carpa/tienda nos ponemos a la cola del desayuno al estilo mili. Después de unos minutos aparece Chus, andando tan pancho, con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo la grabadora delante de la boca, a la que iba hablando mientras se acercaba a nosotros. Esther -“Pero, Chus ¿Dónde estabas? Estábamos preocupados. Te hemos estado buscando por todos partes”.

 

 

(Audio en mp3: Taize 9 julio)

 

La cola va avanzando, hasta que ya entrando en la tienda/carpa nos van dando a cada uno, primero una bandejita de plástico, y luego un pan, una mantequilla y una mermelada. Bueno a mí me debieron ver hambrienta porque me dieron dos mermeladas. “Mmm, Thanks a lot!”- dije yo muy educada.  También te dan El Cubierto. En Taizé no hay cubiertos sino El Cubierto, que es como una cuchara algo más grande de lo normal. Luego coges una especie de bol rojo, también de plástico, de un barreño en el que están amontonados. O mejor dicho EScoges un bol, porque después de desechar uno o dos por tener en el fondo una mancha negra de posos pasados y remotos, pues te das cuenta de que en realidad todos lo tienen y acabas EScogiendo uno. Y luego con El Cubierto te echas en el bol rojo leche en polvo, o cacao en polvo, o café en polvo o lo que sea en polvo, todo a tu antojo y luego le echas el agua caliente de los termos, lo revuelves con los polvos... y ¡listo el desayuno!. Bueno, a mí el desayuno me supo a gloria, estaba bue-nísimo. Además te das cuenta de que en nuestra sociedad lo de tener tres cubiertos es un auténtico atraso, pudiendo apañarte sólo con uno. Mirad, con El Cubierto de Taizé, si le das la vuelta y lo coges por la parte de la cuchara pues con el mango, haciendo palanca con un poquito de maña, pues puedes llegar a partir el pan en dos, y luego con la misma parte con suavidad untar primero la mantequilla, y después la mermelada. Después le pegas un lametazo al mango para limpiarlo (sin miedo porque no corta), le das la vuelta y lo metes en el bol, donde vuelve a recuperar su identidad inicial de cuchara. Vamos, que lo de utilizar tres cubiertos es un despilfarro. No sé como nadie ha patentado este cubierto multifunción.

 

Después del superdesayuno fuimos hacia la zona de la recepción de la Comunidad (La Morada), ya que Esther había arreglado un breve encuentro con uno de los hermanos de la Comunidad, el hermano Hector. Hablaba español, y era altísimo (aunque no llevaba la túnica), y muy sonriente y muy guapo. El hermano Hector, muy guapo él, repito, nos introdujo un poco al mundo de la Comunidad, nos dio un plano, y después de hacernos un par de sugerencias para ver y hacer en Taizé, nos dio otra cita, a las 4 de la tarde, por si queríamos hacerle más preguntas y demás.

 

Después del encuentro con Hector, nos apresuramos hacia la carpa/tienda donde tenía lugar una Introducción Bíblica destinada a las personas mayores, que en Taizé significa de más de treinta años (snif!). Dentro de la carpa/tienda había en el centro

un hermano de rasgos orientales, vestido de normal, sentado y comentando unos pasajes de la Bíblia, de forma muy gratuita, como diría Chus. A su alrededor se formaron grupos, donde las enseñazas del hermano, que hablaba en inglés, iban siendo traducidas a los distintos idiomas. Nos habló del rey David. Y luego nos hicieron escuchar un miserere precioso (los pelos de punta! qué bonito!). Y de nuevo salió algo de las Cartas de San Pablo a los Romanos. Y el hermano ya nos adelantó que en la oración de la noche, como todos los viernes en Taizé, tendría lugar la ceremonia de Adoración de la Cruz, en la que se depositaba una gran cruz en el suelo para que la gente fuera allí y arrodillados y apoyando la cabeza sobre la cruz, descargáran en ella todas aquellas preocupaciones, problemas y sufrimientos que supusieran una carga demasiado pesada en sus vidas, para que estas cargas pudieran morir en la cruz y ser resucitadas. Y el hermano nos invitaba a meditar en oración durante el día aquellas cosas que quisiéramos descargar sobre la cruz en la ceremonia de la noche.

 

Después de un rato de “recreo” nos dispusimos de nuevo a hacer la cola para recibir el almuerzo. El almuerzo consistía en un arroz con trocitos de zanahoria, brócoli y huevo (podríamos decir arroz tres-delicias), un trocito de queso, un trocito de cangrejo (de esos que se venden empaquetados con forma de salchicha), un trozo de pan, y de postre, compota de manzana. Ah!, y unas galletas. Todo en los mismos cacharros de plástico y con el mismo Cubierto Multifunción del desayuno. El famoso bol rojo, durante el almuerzo, hace la función de vaso para el agua. Con lo cual, cada vez que bebes, como el agua es transparente, pues te topas cara a cara  con la capa esta de posos negros en el fondo. “Oye, Angel, y tú cuando viniste hace tres años a Taizé, ¿tenían ya los cacharros estos rojos de plástico?”. Angel -“Sí, creo que ya los tenían”. “Y tú, Esther, ¿te acuerdas de si ya los tenían hace 10 años cuando viniste la primera vez?”. (A Chus ya no quise preguntarle, porque creo que la primera vez que vino fue hace treinta años). Y como no hacíamos más que hablar y reírnos y decir tonterías mientras comíamos, pues pronto se nos acercó una señora a pedirnos silencio. Y es que parece ser que había que comer en silencio y nosotros no lo sabíamos. En fin, empezamos a bsbsbsbs, a hablar más bajito.

 

Después del almuerzo el grupo se disperso para encontrar cada uno su sitio preferido de retiro para la siesta. Yo caí desmayada en la zona del lago.

 

A las 4 acudimos todos puntuales a la cita con Héctor . Bueno, todos no, faltaba Chuca. Más tarde supimos que estando ella después del almuerzo en el lugar de oración había sentido tanta paz que se había quedado dormida y cuando se despertó era tarde y ya no nos encontró. Y es que de verdad os digo que Taizé invita  al sueño, y uno entra en un estado que no se sabe si esta orando, contemplando, dormitando o levitando.

 

 

 

Pues Hector nos contó un montón de cosas interesantísimas sobre Taizé, sobre la historia y carisma de aquel lugar, sobre el padre Roger, sobre cómo sin buscarlo aquella Comunidad se había visto sorprendida por la llegada de jóvenes que sentían una llamada a la oración,... Bueno no lo cuento porque supongo que Chus ya se lo contó o se lo contará a su grabadora.

 

Después del encuentro con Hector, nos dieron una meriendilla, que consistía en un té (en el mismo bol rojo) y unas galletitas.

 

 Durante la merienda Chus le repetía a Chuca, que ya había despertado de su profundo sueño y finalmente nos había encontrado, todo lo que nos había explicado el padre Hector. Después de la meriendilla, dimos una vuelta por los alrededores de la Comunidad, por el pueblo, charlamos, echamos unas fotos . Y después, pues nada, otra vez a comer, esta vez la cena, que fue tan sencilla como el almuerzo. Yo lo encontraba todo riquísimo y además, como a esas alturas manejaba el Cubierto Multifunción con una destreza admirable (como una “mayoret”), pues podía rebañar los platos y demás cacharros hasta dejarlos inmaculados.

 

Y ya empezamos a prepararnos para asistir a la Oración de la noche, la Adoración de la Cruz. Tal como nos habían contado, los Hermanos depositaron una gran Cruz en el suelo y la gente en seguida empezó a hacer cola para ir allí, donde arrodillados y poniendo la frente sobre la cruz, cada uno depositaba su carga. La ceremonia es impresionante. Y después de haber oído aquellas charlas de Chus sobre la Carta a los Romanos parecía que aquella cruz estaba puesta allí para que nosotros vivenciáramos y profundizáramos las enseñanzas. Aquella oración de la tarde del viernes, ¿cuánto duraría: dos, tres, cuatro horas,...?

 

Tras la oración y después de depositar cada uno su carga volvimos al Hotel para, hoy nunca mejor dicho, volver a morir ... y resucitar al día siguiente.

 

 

Sábado, 10 de julio

 

  (Audio en mp3: Taize 10 julio)

 

El plan para la mañana de este día era ir a Paray-le-Monial, que estaba como a 45 km de Cluny. Por el camino paramos a hacer unas fotos a las vaquitas charolesas. Qué monas son! Tan blanquitas, tan guapas!. Te dan ganas de inflarlas a besos. Nos explicaba Chus que estas vacas no son lecheras sino fileteras. Y es que el gran objetivo pagano de estas vacaciones era ir a comer un filete charolés a un restaurante en Paray-le-Monial que Chus y Esther conocían ya desde hacía años. Pero antes, por supuesto, fuimos a hacer un poco de hueco. Estuvimos visitando la Basílica del Sacré-Coeur (Chus, tú dices en la grabación que se llama Nôtre-Dame, ¿quién tiene razón?), el jardín del Claustro y, ...atención!, la famosa capillita de la Visitación donde a finales del siglo XVII Jesús le reveló a la pequeña Santa Margarita María Alacoque Su Sagrado Corazón. Y allí en aquella capillita, como estábamos solos, nos pusimos a orar y a alabar. Y un pajarillo envidioso acabó uniéndose a nuestro canto...

 

 

 

 

 

Y de repente, Zas, aparecen de nuevo Chuca y Maria Ezú por allí. Bueno, tampoco tan Zas, porque parece ser que habían quedado en venir con nosotros a degustar el famoso filete charolés. Así que, ya sin más preámbulos, nos dirigimos al famoso restaurante, que se llama ... (Aj, horror, no encuentro la tarjeta que nos dio la dueña, como se llamaba este restaurante para que podamos recomendar en la web?). Porque tenemos que decir que, a parte de lo bueno que estaban los filetes, en todas sus variantes (bien cuit, moyen ó saignant), la gran atracción del restaurante era la camarera, la dueña. ¡Qué mujer tan graciosa y tan simpática! Joanne-Helène se llamaba. Y como hicimos super buenas migas con ella y nos trató

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

fenomenal y nos dijo que iba a entrar en nuestra página web, pues aquí va un gran saludo para ella:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hola Juana-Elena, que nos acordamos mucho de ti. Un beso muy fuerte.

 

Por la tarde estuvimos paseando por Cluny, de la que Chus nos explicó más tarde que era una ciudad famosa por la importancia espiritual y religiosa que había tenido su monasterio benedictino durante la Edad Media. La religiosidad en aquella época parece que era muy intensa pero también algo sombría y “poco gratuita”. De esta época y de estos monasterios nació el arte Románico. La influencia del monasterio cluniacense, parece ser que duro algo así como un siglo, hasta que poco a poco fue decayendo en autenticidad por la fama y grandeza que había adquirido. Del monasterio y demás construcciones del Románico no queda en la ciudad nada, ya que fue todo destruido durante la Revolución Francesa. Los franceses, m´enfin...

 

Aquel día después de cenar... eh!, un momento, aquel día, no cenamos! No puede ser!. Sí, sí, es verdad, la memoria me dice que aquel día no cenamos. Sería que el filete charolés nos salía todavía por las orejas, porque Chus decía todos los días “hoy no hay cena”, y al final nunca la perdonábamos. Pues decía que después de No cenar, nos dirigimos a Taizé para acudir a la Oración de la tarde, en la que como todos los sábados en Taizé, se celebraba la Vigilia de la Luz. Aquella oración en Taizé ya era como una droga. Un par de horas en las que el alma se tumba y descansa, el cerebro deja de funcionar y parece que sólo existen los cantos y los silencios. El padre Roger encendió las velas de cuatro o cinco niños que tenía al lado junto a él. Y estos niños se dispersaron por la iglesia y encendieron las velas de otros, y estos otros con sus velas encendieron las de los de al lado. Y así hasta que en cuestión de un minuto la iglesia estaba toda iluminada con nuestras velas.

 

 

Domingo, 11 de julio

 

Resucitamos aquel domingo por la mañana, y desayunamos copiosamente en nuestra casa rural de Cluny con las mermeladas caseras que nos sacó la candorosa dueña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Luego recogimos nuestros bártulos, y nos dirigimos por última vez (snif) a Taizé,  para asistir a la misa, que era a las 10:30. La misa era super, super sencilla. Siempre las mismas canciones, y después una Lectura del día, el Evangelio, con el pasaje central traducido al inglés y al alemán, y lo que a mí más me tocó, un sermón del padre Roger que consistió en ...una frase. Y os diréis que no puede ser. Pero sí, yo os digo que el padre Roger da sermones de una frase. Eso sí, ¡qué frase!  Enjundiosa, que diría Chus. Por cierto chicos, ahora que vamos a abandonar Taizé y seguir con nuestro viaje os recomiendo que visitéis la página www.taizé.fr., donde podéis encontrar un montón de información, los cánticos y en fin, ... todo el carisma del lugar puesto a disposición en la red. Aquí tenéis un par de fotos más de Taizé:

 

        

 

        

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

(Audio en mp3: Taize 11 julio)

 

Después de nuestra ansiada Eucaristía en Taizé nos pusimos en camino rumbo al sur, hacia Carcassonne. Aquel día estuvimos prácticamente todo el rato de viaje. ¿Aburrido?, No!! Que va!, al contrario. Los viajes en coche se habían convertido en

algo realmente apasionante. Porque era cuando podíamos seguir oyendo las charlas de las Cartas a los Romanos. A mí ese día en el coche me toco oír la 8 y casi a continuación, la 9. Buah! Impresionante.  Toda la base y esencia del cristianismo nos la daba mascadita, mascadita como un puré para bebés nuestro Chus. Yo me sentía absolutamente privilegiada de poder estar oyendo aquello.

 

También recuerdo del viaje de aquel día que empecé a cogerle mucho, mucho cariño a la Flaca. Íbamos Angel, la Flaca y yo en el coche. “Norma, ¿y cómo conociste tú a Chus?”. Norma- “Pues en una tienda de medias”. Yo- “Quéeeee?!!!” En una tienda de medias!!!! A Chus?!”. Y entonces nos contó cómo le había conocido y otros testimonios de su vida que me tocaron mucho. Y muchas otras cosas que luego me han servido mucho a mí... ”Norma, ¿sabes qué?- le dije- qué suerte tiene Gabriela de tener una madre como tú. Si yo pudiera escoger a una segunda madre te escogería a tí”. Y así fue como Norma y yo nos hicimos madre e hija adoptivas. (Parece que tanto mi mamá como Gabriela lo han encajado bien).

 

Pues eso, que entre las Cartas a los Romanos, los testimonios, nuestras comidas y siestecitas por la autopista y las últimas rosquillitas de la Señora Maribel, pues fuimos llegando a nuestra meta.

 

El Hotel donde nos quedamos aquella noche, en Carcassonne, se llamaba Campanile y os lo pongo para recomendaros que NO vayais.  Y si vais porque no os queda otra, no pidáis nunca “Canard” (pato) en el restaurante porque os dan una especie de intestinos y tripas y restos de no se sabe qué, todos revueltos y hechos un nudo y después apelmazados para darle forma de salchicha y que no se note,... que no hay quien se lo coma. Y os lo estoy diciendo yo que soy una absoluta tragona y todo me gusta y siempre digo mmm. Pues bien, esto no!.Y además, si no recuerdo mal a Chus también le sentó mal la hamburguesa o lo que fuera lo que comió. Pero no faltó la iluminación, y es que a Chus en aquel restaurante (donde todos iban vestidos como de hawaianos, no sabemos por que razón) le fue revelado por qué Santo Domingo siempre mandaba a sus monjitas  diluir con agua el vino de aquella comarca –“Puaj, qué fuerte, esto no hay quien se lo beba!”- dijo al probarlo.

 

Pero, pero, pero,... a nosotros ni el pato, ni la hamburguesa, ni na consiguió amargarnos. En absoluto. Y además después de la cena (en realidad no queríamos cenar) nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores, que no era otra cosa que un polígono industrial. Y por allí íbamos, raja que te raja sobre las Cartas a los Romanos. “Pues en la charla 8, cuando dices lo de.../Pues a mí me ha tocao más la 7 que la 8.../Es que el contenido de la 10 es tan denso!”. En fin, ¡qué maravilla!, seis absolutos imbéciles a punto de morir intoxicados por la cena, y en lugar de armar la gorda en el restaurante se quedan dando vueltas en círculo en un polígono industrial completamente desierto comentando las Cartas de San Pablo a los Romanos. ¡Qué grande es el Señor!

 

 

Lunes, 12 de julio

 

Yo en aquel restaurante realmente no tenía ninguna buena suerte. El desayuno era de buffet, de “sírvete todo lo que quieras”. Bueno, el caso es que cuando yo llegué a servirme, se había acabado tanto el pan de barra, como el de tostadas. Y como no

había otra cosa, me llevé una rebanada de pan tostado, bueno mejor dicho chamuscado, que alguien se había dejado olvidada dentro de la tostadora (qué queréis?, pan es pan). Y me llevé un huevo duro, etc. Ya en la mesa unto la mantequilla en el pan para tapar el chamuscón y luego casco el huevo duro en el plato. Sorpresa!, no estaba duro. Estaba crudo. Es que había que meterlo a cocer en la maquina de enfrente. En fin, me limpio las manos del pringue del huevo, me llevo el plato, y lo abandono a su suerte en un rincón de la mesa del buffet. Cojo otro huevo y lo meto a hervir en la maquina, sujeto con unas pinzas. Y me voy a sentar a la mesa entre tanto para oír lo que estaba contando Chus. Cuando vuelvo a por mi huevo resulta que se había escapado de las pinzas y estaba por ahí flotando al baño maría, medio cascado y completamente amorfo (parecía Alien, el octavo pasajero). Aun así, lo capturo del baño y me lo llevo a la mesa en un plato. A esas alturas ya se me había quitado un poco el hambre, y decidí pasar de aquel desayuno, que definitivamente estaba gafado y concentrarme en escuchar lo que estaba contando Chus. Y es que nos estaba poniendo en antecedentes de los sitios que íbamos a visitar aquel día. Entrábamos en la etapa de los lugares Dominicanos de nuestro Tour de France.

 

Pues nos contaba Chus que Santo Domingo, que nació en algún pueblo de Burgos hacia principios del siglo XIII, debía ser un tipo bien apuesto, rubio, de ojos azules y voz firme. Parece ser que se encontraba de paso por Francia en una expedición que tenía por misión ir hasta Dinamarca a buscar a la que debía esposarse con el hijo del que fuera por aquellos entonces el Rey (del reino de León?). Tardarían más de lo previsto porque al llegar allí la pobre chica se había muerto. Y en el camino de regreso, después de pasar por Roma, parece que nuestro apuesto galán, aprovechó tanto sus dones naturales como divinas para convertir a algunas herejes femeninas de la ciudad cátara de Carcassonne. Y es que Santo Domingo fue el primer fraile al que le fue iluminado lo de fundar el equivalente femenino de una orden de frailes. Y si no recuerdo mal incluso fundó la orden femenina antes que la masculina (je, me empieza a caer bien este Santo Domingo). El cómo ocurrió todo esto, así como la historia de la fundación de lo que fue la primera Orden de Predicadores y muchas cosas más, seguro que nos lo cuenta el propio Chus en su grabadora.

 

Pues aquel día primero fuimos a visitar La Cité de Carcassonne, ciudad medieval preciosa y magníficamente conservada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La catedral de La Cité es muy original: tiene la peculiaridad de tener la nave románica y la cruz gótica (problemas de presupuesto de la época).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    

Después de La Cité visitamos Montréal, que es donde dicen que Santo Domingo hizo su primer milagro. Parece que en plena discusión con los herejes, nuestro héroe tiró sus libros al fuego (como solía hacerse en la época, ordalía lo llamaban, para probar, en caso de que los libros no ardieran, la veracidad de sus contenidos). Y los libros en lugar de quemarse salieron despedidos hacia el techo, de forma que alcanzaron una viga de madera, que ésta sí, empezó a arder. Los de los herejes ardieron todos.

 

Y luego pasamos también por otros lugares donde Santo Domingo había hecho otros milagros: el milagro de la tormenta y aquel de las “gavillas” sangrantes . Y después por Fanjeaux. En este pueblito vivió Santo Domingo varios años en pelea continua con los herejes. Aquí conquistó a sus primeras chicas, arrancadas de la herejía, a las que colocó un poco más abajo en los locales de una ermita en Prulla. En Prulla se inició la Orden dominicana. En Fanjeaux nos quedamos a comer en el restaurante “La table Catharre”, (aclaración por siaca, Catharre no significa catarro en francés, es el nombre de la región, vamos de la herejía que hubo en la región). Aquí me dieron un pato buenísimo que me hizo olvidar por completo el disgusto de la cena del día anterior.

           

 

  

 

Por la tarde paramos brevemente en Toulouse (Tolosa), para visitar la catedral dominicana de los Jacobinos, con sus impresionantes columnas/palmera, y donde entre otras cosas está la tumba de Santo Tomás de Aquino (que también fue Dominico). Nos comimos un merengue, que parece que es típico de allí, y nos echamos unas fotos aquí y allá.

   

 

 

 

Y luego proseguimos viaje hacia Lourdes, la gran etapa de montaña de nuestro Tour de France. Durante el viaje todo el día habíamos seguido con nuestras Cartas a los Romanos. Eran tan absorbentes que casi me daba pena cuando llegábamos a algún sitio y nos teníamos que bajar del coche. En fin, ese día acabamos llegando a Lourdes.

 

En Lourdes hacía bastante frío. Aparte de que está en plenos Pirineos es que aquella semana nos hizo bastante frío por todas partes. Aquel mismo día asistimos a la Procesión de las Antorchas, que seguramente muchos de vosotros conocéis.

 

   

 

 

       

 

 Lourdes era el contraste. Imaginaos que venís de Taizé, todo lleno de chavalines sanotes y joviales.... y de repente llegas allí y ves a toda esa gente mayor y enferma, y sillas de ruedas y camillas, y enfermeras disfrazadas de enfermeras por todas partes... en fin, el contraste estaba ahí. Y un frío! Durante la procesión hacía un viento implacable y mantener las velas encendidas era toda una empresa. Yo cubría la vela con la mano libre y de paso me la calentaba.

 

A Lourdes, como seguro que sabéis, llegan desde hace más de un siglo miles y miles de peregrinos llenos de fé, muchos de ellos enfermos y con la esperanza puesta en un milagro de sanación. Y es que ya han sucedido muchísimos. Y la gente bebe y se lleva agua de las fuentes, a las que se le atribuyen las propiedades curativas. Yo recuerdo que después de la Procesión de las Antorchas fui a las fuentes a beber un poco de agua. Y trataba de pensar en algo de lo que me gustaría curarme aprovechando que estaba allí. Pero como tenía tanto frío, y ya hasta me goteaba la nariz, decidí que con no caer enferma me conformaba.

 

Después de saludar a unos conocidos que se encontraron por allí del grupo de Maranatha (Alfredo, Raquel,... ), fuimos a tomar algo calentito a una cafetería, con lo cual me empezó a regar la sangre de nuevo por las piernas, los brazos y el cerebro. Y después por fín nos fuimos a dormir al Hotel. Bueno creo que la pobre Gloria se fue después a una Vigilia y que de repente se quedó sola en la cripta y estaban todas las puertas cerradas y casi tiene que pasar la noche allí. Pobrecita.

 

 

Martes, 13 de julio

 

    

 

       

 

(Audio en mp3: Lugares dominicanos 12 julio)

 

Aquel martes por la mañana el grupo se dispersó. Esther, Chus y Gloria asistieron a una misa.

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

  Angel, Norma y yo estuvimos desayunando plácidamente al sol en una terraza, comprando algunos recuerditos, y luego visitando la Capilla, y a la Virgen en la gruta de las apariciones. Cuando pasamos por la gruta dijo Norma - “Por aquí tenemos que pasar las manos por la roca, y pedirle un deseo a la Virgen”. Pues mirad que yo en aquel momento no puse especial vehemencia en el deseo que pedí, ni hice fuerza con los puños ni nada. Y casi hasta se me había olvidado... el caso es que la semana pasada, ya de vuelta a Munich y cuando ya casi ni me acordaba del tema, tuvieron lugar una serie de acontecimientos y... hasta que caí en la cuenta de que lo que le había pedido a la Virgen de Lourdes, se estaba cumpliendo! Esta debió ser la manera en que la Virgen quiso compensarme por la frialdad, impasividad y poca fe con la que había vivido mi estancia en Lourdes- “Fíjate que derroche de misericordia tengo, que te lo concedo aunque me lo pidas sin fe”. Y por la misma ocasión se aseguró de que me acordara de ella para siempre.

 

Una vez reunidos todos los del grupo nos pusimos en camino hacia Laredo. Bieeeeen, por fín al coche! Creo que en este viaje oí la charla 10, la 8 otra vez y quizás también la 11. (?) Durante el viaje, como siempre nuestras paraditas de turno por la autopista, y en fin nuestras cositas.

 

Y llegamos a Laredo así como a las ocho. Encontramos un Hotel majísimo muy cerca de la playa casi de carambola (¿o de nuevo guiados?). “El Cortijo” se llamaba. Y al poco ya estábamos listos para salir de nuevo. Yo aquella noche, todavía afectada por el trauma térmico del día anterior, pedí ropa a los del grupo, fulares, jerseys de lana, pantalones vaqueros, calcetines, y así, ataviada como un esquimal, salí a las calles de Laredo en pleno julio (resultó algo exagerado, pero bueno ...). Esther, que conoce bien Laredo, nos dio una vuelta por La Puebla Vieja, que así se llama el centro. Y luego nos llevó a comer al bar del puerto, unas sardinas y un bonito exquisitos. Y cómo siempre todo muy agradable porque este grupo estaba ya cimentado con mucho amor.

 

 

Miércoles, 14 de julio

 

Por la mañana, el desayuno fue muy interesante. Estuvimos hablando de los sueños que habíamos tenido. Chus, no me acuerdo que había soñado pero había sido un sueño en latín (¡Pa chulo nuestro Chus!). Me escribió la frase central en latín del sueño en una servilleta de papel que desgraciadamente se me ha perdido. En fin... cualquier día de éstos aparece por algún bolsillo. Pero sin duda el sueño más revelador fue el de Ángel. Había soñado que estaba en la plaza de un pueblo dando vueltas, y en el centro había una farola, que era la que alumbraba toda la plaza. Y al lado de la farola estaba Chus. Entonces, a veces, aburrido de dar vueltas por la plaza alrededor de la farola y de Chus, se metía por alguna callejuela y según se adentraba, la calle se iba oscureciendo porque no había ninguna otra iluminación y la luz de la farola de la plaza ya no llegaba hasta allí. Hasta que ya llegaba a una oscuridad total y como no veía nada pues tenía que dar media vuelta y volver a la

plaza, donde seguía Chus al lado de la farola. Y se ponía de nuevo a dar vueltas alrededor de la plaza.

 

El día había amanecido feucho. A pesar de ello, después del desayuno nos fuimos a pasear por la playa. Y por la orilla estaríamos andando aproximadamente una hora y media o dos horas, charlando, riéndonos... Yo me daba cuenta entonces de la gran armonía que había reinado en todo momento en el grupo, y del inmenso cariño que había cogido a todos, a la niña de la Concha, a Esther, a la Flaca, a Ángel, claro, ...y a Chus, que lujazo tenerle ahí y verle y compartir con él todas las situaciones del día a día, las comidas, las conversaciones, las risas... Pero aquello todavía no había acabado y es que el día todavía nos reservaba alguna sorpresa.

 

El día según íbamos paseando por la playa se fue aclarando poco a poco hasta que por fín venció el sol. Y ya con un sol espléndido nuestro sacerdote Dominico Chus Villarroel, ni corto ni perezoso, se zambulló en el agua y empezó a nadar mar adentro. Ángel, Esther, Gloria y yo le seguimos. Pero Chus seguía nadando y nadando mar adentro sin parar. Ángel, al que también le gusta mucho nadar (y quizás también movido por la revelación del reciente sueño) pues no quiso alejarse de Chus y le siguió nadando mar adentro. Gloria (que por si no lo sabéis es médico y que ya se esperaba lo peor) y yo nos quedamos dentro del agua observando a los intrépidos nadadores alejarse más y más. El caso es que los dos seguían y seguían nadando y ya casi no se los veía. De repente vemos que una lancha motora de estas de salvamento arranca desde la costa y se dirige velozmente en su dirección. Ay, madre! Pero no, no pasaba nada. Parece que los de la lancha después de asegurarse de que los dos nadadores estaban allí por gusto y que no les pasaba nada (malo) pues dieron media vuelta con la lancha y se fueron. Y nuestro Chus seguido de cerca  a un par de brazadas por Ángel siguió nadando todavía más (según nos contaron ellos mismos más tarde). Y ya después de llegar a no sé que boya, pues dieron media vuelta para ir nadando poco a poco hacia la playa. Aquí le tienen, Señoras y Señores: el padre dominico Chus Villarroel, de 69 años, después de andarse unos 7 kilómetros por la playa y nadarse más de un kilómetro en el Cantábrico sale tan pancho del agua. “Aj, chicos, ¡qué pesaos éstos de la lancha motora! Pues no vienen y nos preguntan que si tenemos algún problema!. En fin, anda Ángel, vamos a tomar una cerveza”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de la cervecita, cambiarnos y demás, nos fuimos a comer al mismo bar del puerto donde habíamos estado la noche anterior. Esta vez nos atendió una camarera muy jovencita y con un despiste de impresión; nos lo traía todo al revés, y se equivocaba y se le olvidaba todo. En fin, gracias a Dios la chiquilla no estaba trabajando en la cocina, y la paella, el marmitaco y todo lo que allí tomamos estaba de nuevo riquísimo.

 

Y después de echarnos la bien merecida siesta, después de tanto ejercicio y la comilona y todo, nos pusimos en camino, ya de vuelta para Madrid L Menos mal que todavía nos quedaba el aliciente de las últimas charlas de los Romanos por oír J

 

  (Audio en mp3:  Lourdes 14 julio)

 

El paisaje por el camino de vuelta era muy bonito. Pasamos por el pueblo de donde es la mamá de Esther, por Burgos, etc. Y entre tanto íbamos oyendo las últimascharlas, la 12 y para acabar, la 13. Antes de despedirnos dijo Chus –“¿Os imagináis que las enseñanzas de estas charlas de las Cartas a los Romanos germinan en nosotros y empiezan a actuar?”.